En el artículo anterior cerramos con una pregunta: ¿qué parte del trabajo queremos que la IA entienda, prepare y ejecute con seguridad?
Para responder a esta pregunta, hace falta bajar un escalón. Porque entre un agente que sorprende en una demo y otro que sostiene operación real no hay un modelo más listo: hay una arquitectura.
Cuando construimos Forge entendimos que un agente serio se decide en cinco preguntas, no en una: cómo se organiza, dónde vive, qué modelos usa, qué recuerda y 1cómo se coordina con otros. Este artículo recorre esas cinco decisiones.
1. Arquitectura
Un agente de IA no es un modelo de lenguaje. Es un sistema construido alrededor de un modelo de lenguaje. La diferencia con un modelo de lenguaje grande (LLM) puro es estructural: el agente no se limita a responder, decide, planifica, actúa y aprende a lo largo de un proceso iterativo.
A nivel arquitectónico, casi cualquier agente serio se organiza en seis capas: un núcleo LLM, una capa de herramientas (tool calling), una capa de memoria y aprendizaje, una capa de razonamiento que aplica paradigmas como ReAct (reasoning and acting) o ReWOO (reasoning without observation), una capa de orquestación multi-agente y, envolviéndolo todo, una capa de gobierno y observabilidad.
El ciclo operativo del agente recorre tres etapas: inicialización y planificación (el usuario define un objetivo y un conjunto de herramientas, el agente descompone la tarea), razonamiento con herramientas (el agente identifica qué información le falta, recurre a APIs o a otros agentes, reevalúa su plan) y aprendizaje y reflexión (el agente integra feedback humano o automático y persiste lo aprendido).
La elección del paradigma de razonamiento es la primera decisión arquitectónica de fondo. ReAct intercala pensamiento y la acción en bucles cortos, ideal para entornos exploratorios. ReWOO planifica todo de antemano y separa la planificación de la ejecución, lo que permite revisar el plan antes de ejecutarlo. Este último enfoque es el que adoptan agentes en producción como Forge sobre GitLab, que genera primero un TECH_SPEC revisable por el equipo y solo después ejecuta el plan.
La arquitectura no es el modelo. Es todo lo que lo rodea.
2. Infraestructura
Un agente necesita infraestructura para tres cosas: ejecutar el modelo, ejecutar las herramientas y persistir el estado. La elección de cada una determina coste, latencia y riesgo.
Esta última decisión es decisiva en términos de coste y mantenimiento: cada componente que se construye en lugar de reutilizar es código que hay que operar.
No inventes lo que la plataforma ya te da.
3. Modelos
El LLM es el motor cognitivo del agente, pero la decisión real no es qué modelo usar, sino cómo combinarlos. Hay tres estrategias habituales:
A la hora de elegir, conviene mirar cuatro ejes:
No existe un modelo mejor en abstracto. Existe el modelo correcto para cada nodo del agente.
4. Memoria
Sin contexto, un agente responde de forma genérica. Sin memoria, cada interacción empieza de cero. La memoria es lo que permite que el agente aprenda, se adapte y no repita errores. En la práctica conviven cuatro tipos:
La memoria semántica es especialmente importante en agentes empresariales. Un agente de desarrollo puede recuperar patrones del repositorio para generar código alineado con la arquitectura existente. Un agente legal puede consultar cláusulas y versiones. Un agente de atención puede recuperar políticas y contexto del cliente.
Pero una memoria mal diseñada puede empeorar el sistema: más tokens, información irrelevante, sesgos antiguos o respuestas contaminadas. Por eso hacen falta criterios de actualización, caducidad, permisos, fragmentación, recuperación y evaluación.
La memoria es un activo y un pasivo a la vez. Hay que gobernarla.
5. Orquestación
Cuando el agente deja de resolver una única interacción uno y empieza a ejecutar procesos, aparece la orquestación. Orquestación significa decidir qué ocurre primero, qué viene después, qué hacer si falla una herramienta, cuándo reintentar, cuándo escalar a una persona y cuando detener el proceso.
Hay tres patrones de habituales:
Una novedad importante que se introdujo en el año 2025 es la consolidación de protocolos estándar entre agentes: MCP (Model Context Protocol) para conectar agentes con herramientas y datos, A2A (Agent2Agent) para comunicación directa entre agentes y ACP (Agent Communication Protocol) para interoperabilidad entre plataformas. Sin estos protocolos, cada integración era un puente a medida. Con ellos, los agentes empiezan a parecerse a microservicios con APIs estándar.
El riesgo principal de cualquier orquestación es perder control: bucles infinitos, herramientas llamadas de forma innecesaria, costes crecientes o acciones no deseadas. La mitigación pasa por límites de reintentos, condiciones de parada, aprobaciones humanas y trazabilidad por paso.
Autonomía no es ausencia de control. Es control bien delegado.
6. Framework, custom o plataforma
A la hora de construir un agente, la primera decisión arquitectónica es qué reutilizar y qué construir a medida Hay tres vías habituales:
Vía framework
Librerías como LangChain, LangGraph, AutoGen o crewAI aportan abstracciones listas para prompts, gestión de memoria, integración con herramientas y patrones multi-agente. Son útiles para validar rápido una hipótesis, construir MVPs o acelerar pruebas internas.
Vía custom
Construir el agente desde cero, sin framework. Implica más trabajo, pero ofrece más control sobre seguridad, rendimiento, trazabilidad, permisos, costes e integración con sistemas internos. Es una opción habitual cuando el agente ejecuta procesos core o datos sensibles.
Vía plataforma
En lugar de elegir entre framework y custom, apoyarse en una plataforma agentica gestionada, donde parte del runtime lo ofrece el proveedor: ejecución, herramientas, permisos, observabilidad o integración nativa con un ecosistema concreto.
La decisión no debería ser ideológica. No se trata de framework sí o no. Se trata de elegir el camino que cubra los requisitos reales del caso.
Conclusión
La arquitectura agéntica no es un patrón único. Es una familia de decisiones conectadas sobre infraestructura, modelos, memoria, orquestación, herramientas y gobierno.
Tres ideas resumen el enfoque:
Con la arquitectura definida aparece la siguiente capa del problema: la calidad del dato. Una arquitectura limpia no garantiza buenos resultados si el contexto que recupera el agente es incompleto, si la memoria contiene información desactualizada o si las fuentes no están bien gobernadas.
Y ahí empieza el próximo debate:
¿Cómo aseguramos que lo que el agente sabe, recuerda y consulta es realmente lo correcto?
De eso hablaremos en el siguiente artículo: calidad del dato, contexto y RAG.
By: Alvaro Díaz-Ligüeri Ascaso
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